Enviado por Ded Masaiel martes, 09 septiembre, 2008a las 23:09
Ya casi no hay nada en el refrigerador, y las pocas cosas que hay son incompatibles, un frasco de mostaza, cáscaras de queso Faja Maisan, leche vencida por la historia, una lechuga abusada por el tiempo, una pila cargándose hace meses, un tupper-ware vacío, un pedazo de carbón, dicen que para los malos olores, una lata de desvanecida cerveza. Si mi madre supiera lo mal que me alimento sería lo de menos, peor sería si supiera lo demás. El sabor a resfrío que me baja por la garganta como arena, anuncia una semana de té, drogas legales, escritura afiebrada y lectura no planificada, serán días en que, si no fuera una frase tan cursi, diría “no sé dónde ni cuándo empezó la soledad”. Madre no sabe lo mal que como, ni tampoco sabe lo demás, ella me ve sin mirarme, mirando detrás de mí hacia el pasado cuando abría el refrigerador y de cada tupper sacaba un bocado de familia funcional.
Enviado por Ded Masaiel miércoles, 09 julio, 2008a las 23:41
No soy nada más que el viejo solitario de la tarde, que empuña afiebrado un vaso de ron mientras escribe toda su tristeza de niebla, como una yegua loca, chupándose lentamente las lágrimas grises. Soy amarillo y deslucido en un invierno sin lluvia ni certidumbres. En mi quieta y separada pieza me envuelven oscuros y áspero papeles, caminando con sigilo para no despertar a la bestia que lo habita, mirando como gota a gota se me escapa el cielo en la metálica bruma de una tardía garúa, cuidando y afirmando a los terribles potros que cabalgan mi arcano vicio de llorar despierto. Si un día resucito al otro día muero, sin plumas y sin alas en las vastas playas de un acezante insomnio, que poco a poco me compone y calma el inquieto torbellino de la espera. Desde niño habito un oscuro caserón deshabitado, donde sólo crecen las palabras como brillantes mariposas. De mi juventud, qué puedo decir, sólo el dolor, la lejanía, el golpe seco, la tortura y el exilio doloroso donde sólo me salvaba el júbilo de los desconocidos cuerpos que habite ya sin cariño. Ahí nació el acento melancólico, el resplandor y el miedo voluptuoso, el gemir suave de adolescente estallado en inviernos de nieve sin ventanas. Desde ahí es que vengo sin cariño en el vaivén de cuartuchos olvidados, empollando una tristeza sin nombre, tragando sucios besos a escondidas del día, ofertando las pocas monedas robadas a una primavera inexistente, bajo el gran silencio de las sombras y las sábanas revueltas. Me escondía, y aún me escondo, en oscuros bares, hundido en la peor silla, rumiando mi ingenuidad desmelenada, fugitivo en pirrica victoria, oyendo el vulgar aullido de la jauría, almacenado rostros y siluetas, rompiendo los falsos espejos para reírme de mis mil rostros, arrojando amargas saetas sin respuesta. Paseaba a veces sobre los puentes, sentía correr el Neva hacía su muerte en el mar, mientras yo mismo me moría esfumándome con las volutas del ocaso, mirando de cuando en vez las estrellas mientras me dolía la vida con su gesto taciturno de lejanía invisible. Mis manos congeladas en las puertas del alba y las palabras siempre hirviendo en la torre de mi espanto, mientras una guitarra muy venida a menos reptaba mi ensueño disfrazándome las penumbras. Añoraba en ese entonces la cálida frazada de mi patria, vacío y leyenda de avenidas por abrirse como campana desquiciada. Así, pasajero de una inmensidad amorfa, viví en las filas de los que me retaban, en los oscuros torneos de la difícil soledad de cargar una cantidad absurda de cosas. Así viví y así vivo, entre aparatosas fórmulas en una pirámide de continuos aburrimientos y asombros, en el hastío de ir repitiendo historias y amores que se evaden o se esconden en laberintos, leyendo entrelíneas lo que quiero escuchar y no lo que me dicen, dislocado en ese rugir sordo que nace y me quema, en la protesta que vuelca y me hiere, junto a sueños que son murallas. Hay días que me canso de estar, me canso de ser avecilla desgajada al invierno que escribe bonito, porque hay días en que me dicen que escribo bonito, y nadie entiende que los versos me explotan y se riegan como lava violenta, como erupción incandescente, nadie entiende que son voz que aúlla, grito partiéndose en pedazos, para pedir no la incertidumbre que me están dando, no la madurez que me piden, sino sólo un minuto de ternura que parece que no es labor de diosas sino de humana, con su cuchilla del sexo trepanando mis nervios, como vibrante relámpago, fiel y tibio abrazo de dulce ruiseñor tremendo en las noches en que el mundo me cruje insepulto tras una cordillera de plumajes azules, insomne mapa para la rosa de los vientos que perdí en algún sendero náutico.
Enviado por Ded Masaiel martes, 17 junio, 2008a las 19:44
En días como hoy, días en que soy torpe con las palabras, días en que me explico cortamente, no sé cómo demostrarle el principio de esta cuerda de sentimientos que me anuda el alma desde la primera vez que la leí asombrado y quise haber sido yo aquel que espera que, viva aún, sobreviva para no morir sin encontrarme, o para calzar absolutamente con mi abrazo. En días como hoy, en que no sé como explicarme, cómo decirle a ella que la sueño gata o princesa, volándome en besos, porque sé -como se saben estas cosas- que besar su boca, tocar su piel..... será llegar a casa, vida, incendio, tormentas, jaulas abiertas de pájaros volando libres, olas que rompen escandalosas, y asombro, y estruendo silencioso, y pulsión, y tesoro, y sinfonía, y ternura y pasión y... sobre todo fulgor, futuro y certeza.
Yo que estoy vivo y lo mejor de mí es mi presencia, respiro, me muevo, lleno espacios.... a mi, que me han querido muchas veces, como se quiere a la Capilla Sixtina porque no he querido ser otra cosa que lejano..... sé que te bastaría. Que sería tuyo, que te haría mía no sólo hoy sino siempre.... que la voz y la música se harían gesto y piel, porque sólo así, entero y todo y presencial, y calor y niño-asombro borraría la espera tuya, la ausencia tuya, la fuga tuya. Sé que tocarnos será un rayo que nos abrirá por la mitad, que aprenderé tus huesos y quedarás enredada en mi cuerpo cálido que se amoldará al tuyo. Aprenderemos a escribir poemas en las miradas que hablan silenciosas, en la inclinación de una ceja, en tu labio que ya quiero morder, en los días que nos queden, envejeciendo serenos. Que sólo así, frente a frente, en desnudez de palabras y ropas, tú y yo, nos bastaríamos. Es la piel del corazón.
Marlen
Olivari reniega del Empirismo
"En el fondo
es un racionalismo mal entendido que conduce a posturas escépticas",
asegura la muchacha en su última publicación. Estas declaraciones han
sorprendido a sus seguidores que ven cómo su ídola se desmarca de la tradición
anglosajona iniciada por Hume y Berkeley en la
Ilustración.
Plakat
Personas en línea
En estos momentos hay 6 personas visitando "Corte en Trámite"
Soy exactamente el tipo de persona con la que mi padre no quería que me juntara.
Celos
“Los
celos son desprecio a la mujer
que se
ama, por caer al hoyo esclava
de la
culebra en la basura.
Horror a
su placer
a su
ranura
y a lo
que se le clava”
Armando Uribe
Jaranas de juventud
Khalil Gibran
“Protégeme
de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que
no se inclina ante los niños”
Roberto Goyeneche - Naranjo en flor
Te quiero - Nacha Guevara
El Oficio
Y para nosotros, Él ha reservado el oficio del desempleo permanente. Si, hubiera querido que trabajáramos, después de todo, No hubiera creado este vino. vino Como un pellejo de esto, Señor, esto ¿Te apresurarías a confiar la economía?
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