Desembarco en
durante el viaje no vimos ningún patíbulo escarnioso
levantado en los promontorios de las islas,
pura maledicencia de Baudelaire para arruinarnos la travesía.
Desembarco en
mientras ella hablará todavía con los aduaneros
para que llegue completa en cajones de pino
la diversa biblioteca de tantos domicilios;
mis baúles lejanos, no leí todo el Libro de Mallarmé
pero encontré detrás de los estantes de las bibliotecas
bolas de cristal donde siempre está nevando
sobre las aldeas fiesteras de Brueghel
y las ciudades imaginarias de Italo Calvino;
Mis baúles lejanos con la obra de Ana Axmatova bien empaquetada
mis baúles lejanos con algunas camisas frescas
que usaba allá en agosto y un pulóver azul de lana bretona
que me regaló Gulnara en esa última Navidad.
Desembarco en
he engavetado en el cuarto paterno
los horarios de trenes que ya no tomaré,
las cartografías de regiones que ya no visitaré,
los catálogos de ediciones y libros que ya no encargaré
a mi librería favorita, Dom Knigi
62, en
Desembarco en
ya pregunté por los mejores lugares de café
y sólo aguardo que se apacienten las tormentas de este año
para ir a practicar el arte de libación
en algún cafecito cercano
mientras se divisen dos o tres volantines
elevados tocando casi las nubes
de un día ventoso y retirado
encumbrados estarán pidiendo hilo
y sin mucha comba sobre los techos
de la ciudad abajo atareada.











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